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Taller de Coaching, Aprende a decir NO

Cómo decir NO.

El hombre realmente libre es aquel que puede rechazar una invitación a comer sin dar una excusa” Jules Renard

Cuántas veces reprimiste tus deseos de decir NO a ese cliente que te tiene harto/a con sus exigencias de niño malcriado, al que consienten por miedo a que se vaya con sus pedidos  y  caprichos  a  las  oficinas  de  la  competencia;  o  a  ese  empleado  estrella  que parece  no  cansarse  de  llegar  tarde,  pero  resulta tan  eficiente  a  la  hora  de  terminar  los proyectos; o a ese jefe al que no le importan sábados ni domingos y que llama cuando estamos en el cine o en la consulta del dentista con tres anestesias y un torno en la boca?

Hay  numerosos  estudios  que demuestran  que  uno  de  los principales  inconvenientes que  tienen  los  directivos  de empresas  es  justamente,  la dificultad en DECIR QUE NO.

Como  muchos  otros programas  que  ejecutamos  a diario,  esta  limitación  tiene que  ver  con  nuestra educación  y  con  cubrir  la necesidad de validación y aceptación por parte de los demás.

Un  niño recibe  aproximadamente  9 mensajes  negativos  por  cada  mensaje  positivo  o validador,  de  modo  tal,  que  no  es  extraño  que  de  adultos  vayamos  por  la  vida buscando la aprobación del otro, aun a expensas de nuestros deseos y necesidades.

Tendemos a asociar decir que NO con invalidar al otro, olvidándonos que el no que le decimos al otro, es un SI a nosotros mismos.  Este simple giro semántico es el nudo del asunto.

¿Por qué seguir con esquemas que hasta ahora nos han resultado poco efectivos?

Redefinamos  el  NO  en  un  sentido  positivo,  como  expresión  de  valía  hacia  nuestro propio ser.No hablaremos entonces ya, de decir que NO al otro, sino de decirnos SI a nosotros.

La próxima vez que nos encontremos en situación de decir que NO a algo, actuemos sabiéndonos libres de hacer valer nuestras necesidades y nuestros deseos.

Despojémonos de emociones negativas para que nuestros No, sean tomados por los demás como un acto de reafirmación de nuestra propia valía.

SI logramos re-significar para nosotros mismos el acto de decir que NO, como un acto de  reafirmación,  los demás  percibirán  eso  y  ya no  se  sentirán  ofendidos ni  limitados con nuestra respuesta.

Muchas veces, sucede que nuestros propios programas nos llevan a decir que no con una carga de emociones negativas tan pesada, que terminamos elevando el tono  de voz, haciendo gestos ampulosos y malhumorados. Cuando invertimos el sentido de ese NO,  como  una  premisa  positiva,  esa  carga  negativa  desaparece,  permitiéndonos  ser más asertivos con el otro. Como premisa y un poco porque respondemos a nuestros programas  más  antiguos,  tendemos  a  decir  si,  es  una  especie  de  acto  reflejo  que tenemos ante las requisitorias de los demás.

Cuando  digamos  que  NO,  seamos  firmes  y  considerados,  tengamos  en  cuenta  que decir que no, no es ser egoísta, es ser íntegro y sincero con el otro.

Antes  de  intentar  quedar  bien  con  todo  el  mundo,  recordemos  que  a  la  primera persona a la que tenemos que agradarle es a nosotros mismos.